Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

domingo, 24 de junio de 2012

Cuento fantástico parte 3

Tarea 4
Tercera parte del cuento fantástico


PRODUCCION
·         Día 3

El boleto de colectivo insistía en desestructurarme. Miré a mi alrededor para ver las caras de mis compañeros de viaje. Nadie parecía extrañado. El cuarto lugar tendría que esperar ya que pretendía resolver el misterio antes de llegar al trabajo. Pregunté una por una a las personas que se disponían en la fila de asientos individuales. Luego continué con la gente ubicada en la hilera de pares. Algunos accedieron sin cuestionamientos, otros más reticentes me miraron confundidos. Una mujer atinó a murmurarle a su pareja que yo estaba loco. Sin reparar en el significado de sus palabras finalicé mi tarea consultándole al adolescente que simulaba transitar un sueño profundo. No dudé en interrumpir su actuación. Definitivamente mi problema requería una solución urgente. Su respuesta insolente fue la vigésima negación recibida. Sólo el boleto número veintiuno, el mío, era el defectuoso.
Mi parada de descenso me encontró pagando un segundo pasaje. Apurado coloqué las monedas y de un tirón arranqué la muesquita de papel que asomaba por la rendija de la máquina.
Bajé rápidamente del colectivo repartiendo en el camino algunos necesarios empujones. En última instancia ¿por qué debería ser condescendiente con quienes no prestaron colaboración frente a mi pedido?
Llegué a la oficina y abrí los mails como todos los días. Comencé por aquellos cuyo asunto contaban con la letra A como inicial. Sucesivamente fui completando el abecedario hasta llegar al de Ana. No terminaba de acostumbrarme a su afán por incluir nuevas tecnologías en los procesos tradicionales de tratamiento analítico. Más difícil aún me resultaría asimilar su indicación de que ya era hora de que tomara una decisión.
Apagué la computadora y entendí que era el momento de enfrentarme al segundo boleto. Él finalmente me confirmó no sólo que había malgastado un peso con veinticinco centavos sino también que algo muy extraño estaba pasando.

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