Tercera parte del cuento fantástico
PRODUCCION
· Día 3
El boleto de colectivo insistía en desestructurarme. Miré a mi alrededor para ver las caras de mis compañeros de viaje. Nadie parecía extrañado. El cuarto lugar tendría que esperar ya que pretendía resolver el misterio antes de llegar al trabajo. Pregunté una por una a las personas que se disponían en la fila de asientos individuales. Luego continué con la gente ubicada en la hilera de pares. Algunos accedieron sin cuestionamientos, otros más reticentes me miraron confundidos. Una mujer atinó a murmurarle a su pareja que yo estaba loco. Sin reparar en el significado de sus palabras finalicé mi tarea consultándole al adolescente que simulaba transitar un sueño profundo. No dudé en interrumpir su actuación. Definitivamente mi problema requería una solución urgente. Su respuesta insolente fue la vigésima negación recibida. Sólo el boleto número veintiuno, el mío, era el defectuoso.
Mi
parada de descenso me encontró pagando un segundo pasaje. Apurado coloqué las
monedas y de un tirón arranqué la muesquita de papel que asomaba por la rendija
de la máquina.
Bajé
rápidamente del colectivo repartiendo en el camino algunos necesarios
empujones. En última instancia ¿por qué debería ser condescendiente con quienes
no prestaron colaboración frente a mi pedido?
Llegué
a la oficina y abrí los mails como todos los días. Comencé por aquellos cuyo
asunto contaban con la letra A como inicial. Sucesivamente fui completando el
abecedario hasta llegar al de Ana. No terminaba de acostumbrarme a su afán por
incluir nuevas tecnologías en los procesos tradicionales de tratamiento
analítico. Más difícil aún me resultaría asimilar su indicación de que ya era
hora de que tomara una decisión.
Apagué
la computadora y entendí que era el momento de enfrentarme al segundo boleto.
Él finalmente me confirmó no sólo que había malgastado un peso con veinticinco
centavos sino también que algo muy extraño estaba pasando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario