Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

domingo, 24 de junio de 2012

Cuento fantástico parte 2

Tarea 3
Continuar segunda parte del cuento fantástico.


PRODUCCION

*Día 2

La explicación que dio no me resultó suficiente. Últimamente Ana lograba confundirme más.
¿Cómo podía hablarme en esos términos? Simbiosis opresiva, mutualismo agobiante, parásito emocional… Parecía salida de un texto escolar de ciencias naturales.
Reconozco que mi relación con Silvina no está atravesando el mejor de los momentos pero de ahí a identificarme con una garrapata…
El rayo de luz sobre mi ojo derecho puso punto final a mis reflexiones matinales. Tal como estaba calculado se dispuso a atravesar el pequeño hueco de la ventana un segundo después que al hacerlo el día anterior.
Me puse la ropa, me enfrenté al agua fría y recorrí el trayecto habitual hasta la parada del colectivo.
El cuarto lugar me estaba esperando. Me desplomé en el asiento dispuesto a descansar durante los veinte minutos que me separaban de la condena laboral.
Corrí la cortina y revisé el boleto. Ningún reposo resulta placentero si antes no se verifica que las condiciones del entorno estén dadas de la manera normal.  
Confieso que me recorrió un escalofrío al ver que nuevamente la fecha estaba errada.
Me acerqué a la mujer que había subido detrás de mí y le pedí que revisara su pasaje. Era correcto. Un poco inquieto, pregunté al chofer si había encontrado alguna irregularidad en el funcionamiento de la máquina expendedora. Sin embargo él no reparó en mi sorpresa. Apenas alcancé a ver un breve movimiento de cabeza indicando negación reflejado en el espejo retrovisor. Frente a las miradas inquisidoras del resto de los pasajeros no pude más que volver a ubicarme en mi espacio asignado.
El cansancio finalmente se había disipado.  

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