Consideramos, luego, el mito del síndrome de
abstinencia en personas con consumo problemático de sustancias, cuando, según
Freud o Lacan, hace pie en el inconsciente. Siempre así.
Constatamos enseguida, que no lo resiste bien, que
se deshace casi inmediatamente.
La etiqueta del “drogadicto” cae. Se deja ver el
infinito de palabras que abruptamente se agolpan en el umbral de la conciencia.
Bajan un poco más lentamente por las neuronas del raciocinio y empiezan a
hilarse mansas en un discurso que parece ajeno pero reconoce un fondo.
Empieza a hacerse presente ese pasado olvidado que
frente al malestar invitaba al consumo.
El analista en ese mismo momento menciona su
nombre.
–Hola, Ernesto.
Ahí nomás podrán observar el cambio de registro.
Aparecerá la angustia, manifestación del pasaje del
plano real al simbólico. Se reconfigurará el “Otro” y podrán dar cuenta de
cómo, entre lágrimas y con la voz entrecortada, el paciente esbozará:
–No tomo más, ya no necesito llenar mi nada.