Hakuna matata y todo vuelve a comenzar. Estás acá,
estoy allí, qué más da.
Un día como cualquiera.
De esos en los que uno de los submarinos amarillos
se hunden. Quien lo habitaba, cargado de psicodelia, dispuesto a atravesar el
mar materno para emerger lleno de color en el mundo gris, prefirió esperar… Quien
lo comandaba desde afuera, preparado para recibirlo en puerto con los cachetes
inflados de amor, las pupilas dilatadas de sueños y las manos dispuestas a
hacer de la metáfora una hermosa realidad, tuvo que esperar.
¿Esperar a que estuviéramos organizados?
Frente a la convocatoria a paro y movilización aún
se escuchan voces dubitativas. Surgen intentos de negociación y se proclaman
palabras de lucha. Sigue la discusión sin encontrar un punto llano, una curva
recta, una transición, una síntesis, la verdadera dialéctica. Los nuevos
espacios de socialización que la gente del nuevo milenio frecuenta permiten
llenar a la ideología de “me gusta”s… Pero aún hoy, a una semana de la fecha de
entrega, no sabemos si lo que estará por venir realmente será lo esperado, lo
deseado, lo construido… Evidentemente, le falta salir.
Si de salir se trata (o de no salir, mejor dicho)
podríamos quedarnos con el punto de partida sencillo e incuestionable que la televisión
nos plantea; una convocatoria intensiva al análisis de la mitología o del
origen de la especie, a pensar esto de que los géneros vivimos de manera
distinta una separación. ¿No será mucho que de mi angustia se ocupe Verónica Lozano?
Periodistas filósofos y zapatos de goma…
Me voy para el supermercado, hoy tengo visitas.
Me visitan, me relatan y me actualizan; quedo presa
de mi conservadurismo heredado. Con los sobrinos políticos fue al “prohibido no
tocar” y con el ex novio conoció algunas cosas
sobre la ilegalidad que ni ella puede representar en este mundo de
formas, tradiciones y estructuras. Vaya contradicciones que me faltarían
explorar si en el camino del símbolo lacaniano me embarcara… por suerte siempre la locura ajena
parece más difícil de manejar. Por suerte me queda el goce conocido, ese del
embarazo y la maternidad, ese que me empeño en que quede "anti-matriarcalmente" reflejado en el video que me desvela, pero que, evidentemente falta,
desenmarañar…
¿Será entonces que “la era está pariendo un corazón”?
Día más, día menos: un día entero que no deja de tener que ver con eso otro de
parir. Parto individual o colectivo. Parto padecido o glorificado, parto-revolución.
Parir de una vez lo que esté adentro. Parir así, por favor, la hazaña que entre
manos nos traemos los que soñamos una civilización de sonrisas por doquier y una barbarie de derechos conquistados. La una y la otra o las dos a la vez.