Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

viernes, 13 de junio de 2014

Saussure o dios

Doce en teoría que incluía material de método o no, hay que ver qué opinan. Los apóstoles dijeron que basta de cháchara y a laburar. Uno más, uno menos, qué más da. El trece es de mala suerte por eso entonces mejor nos quedamos así; somos los que estamos. La verdad es que no sé. Puede ser que la práctica nos invite a darnos cuenta de que hay cierta lógica en lo que digo. Quizás. Juntaron las manos para orar, bendijeron el pan de cada día y repartieron metódicamente vaso a vaso, copa a copa. O no. La borrachera impedía discernir si la realidad era real, si Jesús era quien distribuía el pescado o era más bien hambre para mañana. Cada tanto los doce en un lapsus de lucidez se encomendaban nuevamente y abrían el juego. Hagan sus apuestas: psicoanálisis o religión. Decidan si el significante unívoco o la felicidad universal. Elijan de qué lado de la salud mental se quedan y si dos es uno, doce uno más dos o me quedo con trece y apuesto al azar.