Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

miércoles, 3 de abril de 2013

Narcisismo demencial


Don narciso se apresura. No quiere llegar tarde a su festín. Espejos se le astillan en las manos y no pretende renacer. Alcanza ver un reflejo, algo mecer, en el canto de la madre, recostar. La herida duele desde adentro, sangra al verse des-reflejar. Un todo se hace nada en un momento, el eco devuelve una sola voz. Don narciso ha quedado solo, sed de hijo, escrúpulo de maldad. Don narciso ya no hace terapia e imagina aquel momento en que pueda volver a construir de a dos. De a dos manzanas, de a pasitos y a poquito, una gran ciudad. Una suya, una sola es lo que importa. Don narciso, imagina dimensiones exactas, planea la simple configuración del urbanismo ideal. Don narciso pelea con sus ganas, no aguanta. No puede ya. Y se tira a reposar. Sueña que un día el ego aplacará; el llanto y el fuego se apagarán, sin más. Puro don narciso, eso quedará; eso, y acabar. Solo, templo de la unidad. Don narciso, monumento a la soledad.