Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

lunes, 29 de octubre de 2012

La devolución


Salir a la calle a mirar el piso hasta encontrar algo significativo.
Explicar en qué se modifica el universo a partir del hallazgo reciente.
hay que repetir varias veces la siguiente frase que hay que completar.
 Hoy por la tarde encontré ..................., Pero .............................
La frase tiene que repetirse al menos 3 veces, dos veces igual y una cambiando lo que viene después de "pero"



PRODUCCION


Hoy por la tarde encontré un pañuelo, pero no de papel. Descansando en la vereda de baldosas negras lo vi, echado boca abajo. De tela rosa, con dibujos bordados. Lo tome del extremo por si acaso. Lo envolví en un papel viejo y lo guardé en mi bolsillo.
Al llegar a casa él me estaba esperando. Sentado al lado de su plato de comida, me miró inquietado. Tuve que contarle. Los gatos son los mejores en escuchar. No suelen juzgar la nimiedad de los relatos.
-Hoy encontré un pañuelo, pero no de papel. De esos que las niñas dejan caer mientras juegan a las carreritas con sus hermanos.
Le serví su ración diaria y me senté a mirarlo. Pensé en lo afortunada que había sido al hallarlo. El día se había dispuesto silencioso, solitario. Por suerte tenerlo entre mis manos me habilitaría a contarlo. Con él vendría la posibilidad de decir algo. Últimamente, la vida se me había vuelto algo callada, vacía de sonidos, invadida sólo por miradas.
Hoy por la tarde encontré un pañuelo pero con él no sólo conquisté un objeto, también volvió a mí la palabra.
 

Dedicado a Vero

A partir de una foto narrar la situación en que fue tomada y la forma en que este hecho cambió la vida del fotógrafo.

PRODUCCION


La del ojo de vidrio empezó a golpear puerta por puerta. Era hora de despertarse. La consigna estaba dada y no respetarla sería motivo de castigo.
Una hora de rodillas frente a la cruz o tres rosarios antes de almorzar podrían acabar siendo la represalia. Sólo diez minutos tendríamos para asearnos, tender las camas y vestirnos antes de salir de la habitación. El cuarto debería quedar cerrado con llave y una vez afuera cada una de las residentes formaríamos la fila correspondiente para descender al comedor.
Si quería sorprender a las chicas no podría más que apurarme, sortear el hábito gris y aventurarme en su dormitorio antes de que la santa tuerta doblara por el pasillo y recorriera por segunda vez la línea de cuartos entre los que me encontraba.
Sólo se escuchaban los tacos de la monja hacer rechinar los tablones de madera. Según mis cálculos faltaban doce pasos para llegar a la escalera, desde donde doblaría sobre sí y volvería a transitar el recorrido. Tenía el tiempo justo para concretar la hazaña.
Abrí la puerta y corrí hacia donde dormían mis compañeras. El ruido de las pisadas aumentaba pero yo ya estaba por llegar. Entré apresuradamente y grité -¡foto, foto!
Apenas se incorporaron de la cama apreté el botón. Habían quedado retratadas. No pude evitar sentir la euforia de la victoria. Lo había logrado. Había vencido.
Cuando miré a Vero no noté en su cara la misma sensación de satisfacción. La sonrisa registrada en la fotografía se había evaporado. Hizo un gesto con la cabeza y me di vuelta.
La hermana Bernarda me miraba a medias pero con gesto de ira completo. Con un solo ojo le bastaba para destellar la totalidad de la furia. Me tomó del brazo, me quitó la cámara y me arrastró hasta la iglesia en donde me obligó a pedir perdón durante el resto de la mañana. No permitió que nadie interrumpiera mi rezo y vigiló que mis rodillas permanecieran quietas sobre el piso. Se mantuvo ese rato parada por detrás de mí, balbuceando algunas oraciones.
Aún sigo sin entender por qué repetía a cada rato que algún día se lo iba a agradecer.
Hoy me toca a mí recorrer el pasillo. Confieso que soy un poco más indulgente y aletargo mis pasos convirtiéndome en cómplice de las corridas y portazos que las pequeñas desenredan a mis espaldas. Alguna que otra vez una cámara de fotos me recuerda aquel momento y no puedo más que hacer la vista gorda frente a lo que simplemente es una inocente travesura.
Cada tanto sigo pidiendo perdón al cielo, un poco con bronca y otro poco con remordimiento. Pido perdón mientras miro por la ventana el mundo que me rodea. Pido perdón y, entre lágrimas, le pregunto a Dios cuánto faltará para dar por cumplida mi penitencia.

Taller



 Narrar la situación vivida durante el primer día en alguna institución. Utilizar diálogos y acciones. No describir sentimientos.

PRODUCCION
Llegué puntual como de costumbre. El pizarrón, las mesas ubicadas en círculo y algunas personas dispuestas a su alrededor me esperaban. Saludé y me senté enfrentada a dos de mis compañeros. Algunos otros comenzaron a incorporarse a la ronda. El grupo conformado resultó heterogéneo en género y edad.
El profesor se hizo presente unos minutos después, enunció un breve discurso introductorio (que con el tiempo descubriríamos que se trataba de su muletilla de cabecera) y ordenó:
-Saquen una hoja. 
Varios de los presentes cuestionaron la indicación mientras yo me mantenía expectante.
-¿Rayada?
-¿Cuadriculada?
-¿De qué tamaño?
-¿Qué vamos a hacer con ella?
Los papeles comenzaron a desplazarse de un lado a otro, girando de mano en mano e incorporando a su paso palabras no siempre inundadas de lógica.
Cuando las risas empezaron a enmarcar el encuentro se sentenció la consigna final.
-Ahora Teresita vas a escribirle un mail a Rita.
Un breve momento de producción y acto seguido, lectura turno por turno. Estaba terminando nuestra primera reunión.
Salimos de la biblioteca y nos despedimos.
-Hasta el próximo martes.
Definitivamente todos volveríamos a encontrarnos la semana siguiente. Como dicen las buenas lenguas, la primera impresión es la cuenta.