Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

jueves, 20 de septiembre de 2012

24 horas




Cena. Desayuno. Almuerzo. Merienda. Cena.
Qué fácil sería todo si la vida se redujera simplemente a esa secuencia. Sólo quedaría llenar los huecos con besos y demases, sólo faltaría acomodarse en los espacios y esperar a que llegue el próximo momento.
Qué fácil resultaría transitar por un día cargado de sabores y bebidas, repleto de no más nada que platos, vasos y cubiertos. Sólo restaría quedarse quietos aguardando el siguiente receso, sólo bastaría con agarrarnos de la mano sabiendo que brindaremos nuevamente, frente a frente, por el encuentro.
Qué fácil se haría soportar el silencio, el vacío, el cuerpo denso, si supiéramos que sólo durará lo que tarde en volver a llenarse el estómago hambriento. 
Qué fácil sería todo si la vida fuera simplemente repetir esas veinticuatro horas, volveríamos a empezar en cada minuto cero y comprenderíamos que el final no se avecinará nunca mientras exista un bar abierto.