¿Cuánto falta para llegar?
Mamá relaja la espera, intenta calmar la angustia
que provoca el no saber.
Pero no alcanza. El abismo se hace cada vez más
grande. Parece que caemos, bordeamos el delgado límite que nos separa. Si
resbalamos, plaf. Si nos mantenemos erguidos quizás podamos quedarnos por acá
un rato más.
¿Por qué nunca morimos en los sueños? Despertamos
justo ahí. Respiramos nuevamente cuando abrimos los ojos. La lanza no termina
de clavarse. El golpe nunca llega, el piso se hace desear. ¿Es el inconsciente
que se resiste a perder la última batalla? ¿Será pura generosidad de su parte
dejarle a la vigilia esa suerte? ¿O simplemente cobardía frente a la
posibilidad de perder el último espacio sobre el que aún sostiene su dominio?
Mamá me estira la mano y dice que ya va a pasar. Cuando
niño, alcanzaba su abrazo. Hoy ya no es eso lo que intento encontrar. Sólo
quiero que pueda responderme la simple pregunta. Sin mucho rodeo, sacándose la
máscara de hada, limpiándose el maquillaje de heroína, hasta permitiéndose dudar.
¿Cuánto falta para llegar? Enuncia elucubraciones
medidas números. Sonríe por si acaso. Y sigue sin entender.
Si pudiera morir en el sueño, ¿despertaría en el
cielo?
Echo a llorar y no hay madraza que valga, ni teta,
ni caricia arrugada.
La montaña se aleja y comienzo a caer. Sólo
necesito conocer ese tiempo. ¿Cuánto falta para llegar?
Poco antes de estrellarme mamá pregunta ¿a dónde?
Lentamente recupera su humanidad. Se hace nítida
por un segundo. La miro desde abajo mientras se deja ir. Sonrío. La voy viendo
apagarse y perderse en la niebla espesa que nubla mi entorno. Esbozo un “acá, aquí,
aquel allá, el muy lejano, el nunca más”. Repito mientras me desintegro. Repito
y llego a registrar mi último recuerdo. El cuándo no es nada sin su lugar y el
dónde no existe sin el reloj que lo pueda en-marcar.
Gracias al seudo-profe por la consigna y la inspiración!
ResponderEliminarGracias a vos por tanta magia!
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