Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

domingo, 24 de junio de 2012

Monólogo

Clase 4 - 29/05/2012
1) Listar estilos de habla
2) Pensar personas que conozcamos de las cuales podamos describir una forma particular de hablar.
3) Escribir sus frases típicas, sus movimientos, las particularidades que la hacen única.
4) Elegir una de esas personas y ubicar a sus fanáticos.
5) Redactar la descripción hecha de esta persona por parte de su fanático.


PRODUCCION

Mamá nos llamó a comer y Juli estaba sentada en la cabecera de la mesa. Le indicó a papá, quien quedó desplazado a su derecha: -¿Por qué compraste cerveza negra? ¿No sabés que esa malta me saca granitos?
Papá no manifestó ninguna expresión de fastidio y ahí nomás no pude dejar de fijar mis ojos en ella.
Mientras afirmaba categóricamente que a los negritos de mierda esos que piden en el tren habría que matarlos a todos se acomodaba el largo y espléndido pelo con sus dedos finos y delicados. Definitivamente brillaba. Todos alrededor de la mesa la miraban y su voz quedaba vibrando en el aire con cada palabra.
De la matanza indiscriminada de infantes morenos pasó de un salto a la crítica salvaje de los modelos lúcidos en la entrega de los Martín Fierro.
- ¡Un horror Mariana Fabiani! ¡Qué tupé el del ballenato de Susana encallar en ese vestido azul!
Me asombró su capacidad de hilar dos temas tan dispares en una misma oración hasta lograr convertirlos en las dos variables principales de un problema de investigación sociológica.
-¡Claro! ¿Cómo no va a existir el hambre en este país si está plagado de mamuts glamorosas que se comen hasta un queso rancio pensando que es roquefort?
Mi hermana conseguía con su discurso que cada uno de los comensales se hiciera cada vez más chiquito y fuera resbalando poco a poco por el hueco de su silla, hasta desaparecer.
No tuve otra opción que interrumpir su monólogo. El fuego me secaba la garganta.
-Juli, ¿podrías pasarme un poco de agua?
Ahí nomás giró la cabeza y entendí. Los súbditos deben hablar únicamente cuando el líder les dé la palabra.
-Valentina, ¡no a lugar!
Finalmente, no tendría más remedio que conformarme con la segregación de saliva personal.


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