Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

lunes, 29 de julio de 2013

Cuando la rutina se nos impone irónica

La ambulancia se presentó finalmente, luego de interminables tratativas con el Hospital de turno. Cargó a la mujer y se dispuso a trasladarla a la cama disponible que la esperaba en aquella sala de internación.
Antes de que doblara la esquina la vimos prenderse fuego.
La ambulancia se presentó nuevamente, luego de pocas maniobras al volante.
Los médicos de guardia corrimos llamando a la mujer, por suerte ya sabíamos su nombre.
Alguien apareció de atrás gritando no sé qué de la predestinación.
Yo recordé a Foucault y aquello otro de lo ubuesco.

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