Cómo puede ser que el ayer parecía infinito
y no es más que migajas en el
hoy presente.
Recuerdos para el futuro cercano
y esbozos quizás
(de a retazos)
frente al eterno.
Qué triste pensar
que el reloj no gobierna el paso
insistir con el goce
y creer desear
que un día por fin
supliques vivir
de a veinticuatro horas.
Tristísimo dejar, pasar, seguir,
melancolía de sentir
de sufrir enmascarado
de padecer el tiempo que parece estar
aquí
clavado.
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