Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

jueves, 25 de julio de 2013

Reloj

Cómo puede ser que el ayer parecía infinito
y no es más que migajas en el hoy presente.
Recuerdos para el futuro cercano
y esbozos quizás
(de a retazos)
frente al eterno.
Qué triste pensar
que el reloj no gobierna el paso
insistir con el goce
y creer desear
que un día por fin
supliques vivir
de a veinticuatro horas.
Tristísimo dejar, pasar, seguir,
melancolía de sentir
de sufrir enmascarado
de padecer el tiempo que parece estar

aquí

clavado. 

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