A caminar juntas la infancia nos dispusimos.
Entre juguetes, lápices y disfraces encontramos la forma de dar
cimiento a esta magia.
“¿Si se termina el amarillo, con
qué vamos a hacer el pan?”
¿Si se vuelan nuestras palomas a dónde iremos a parar?
La varita nos toca la cabeza y volvemos al primer lugar,
aquel en el que no imaginábamos la inmensidad del vínculo que estábamos
gestando
aquel donde pequeñísimas iniciábamos nuestra amistad
aquel en donde no dimensionábamos lo mucho que hoy nos une.
¿Si se vuelan nuestras palomas a dónde iremos a parar?
Había una vez un castillo, un rey, una princesa
hubo un día en que los monstruos se hicieron diminutos al chocarse con
nuestro escudo
y hubo un día siguiente en que comenzamos a transformar nuestra complicidad
en un lindo destello.
Con risas, lágrimas, arrebatos, indiferencias nos fuimos acercando a un
hoy, cargado de pájaros.
¿Si se vuelan nuestras palomas a dónde iremos a parar?
No tenemos la garantía de poder enjaular nuestro amor para lo que nos
queda de vida
pero sí podemos saber y tenemos la certeza
de que aunque nuestras aves se pierdan en la inmensidad del cielo
siempre llevarán consigo el camino de regreso.
Entonces, ¿dónde iremos a parar?
a ese recoveco del recuerdo
a ese pedazo de alma impregnado en nuestras pieles
a ese punto bien adentro que nos reconoce como hermanas,
nos celebra como amigas y nos ilumina inseparables, a pesar de cualquier
distancia.
http://www.youtube.com/watch?v=0Bnhn_C-oTc&feature=youtu.be
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