Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

martes, 18 de junio de 2013

La falta

Consideramos, luego, el mito del síndrome de abstinencia en personas con consumo problemático de sustancias, cuando, según Freud o Lacan, hace pie en el inconsciente. Siempre así.
Constatamos enseguida, que no lo resiste bien, que se deshace casi inmediatamente.
La etiqueta del “drogadicto” cae. Se deja ver el infinito de palabras que abruptamente se agolpan en el umbral de la conciencia. Bajan un poco más lentamente por las neuronas del raciocinio y empiezan a hilarse mansas en un discurso que parece ajeno pero reconoce un fondo.
Empieza a hacerse presente ese pasado olvidado que frente al malestar invitaba al consumo.
El analista en ese mismo momento menciona su nombre.
–Hola, Ernesto.
Ahí nomás podrán observar el cambio de registro.
Aparecerá la angustia, manifestación del pasaje del plano real al simbólico. Se reconfigurará el “Otro” y podrán dar cuenta de cómo, entre lágrimas y con la voz entrecortada, el paciente esbozará:

–No tomo más, ya no necesito llenar mi nada. 

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