Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

martes, 3 de julio de 2012

Cuento fantástico - parte 4


·         Día 4

El sueño quedó trunco cuando el rayo de luz marcó la hora de comenzar el ritual de iniciación. Mientras me vestía, sólo podía recordar, difusamente, que dos mujeres se acercaban a mí con paso firme y sincronizado. Avanzaban juntas imitando una marcha militar pero no parecían pertenecer al mismo escuadrón. Luego de un recorrido a la par una de ellas lograba estirar la mano intentando alcanzarme. Ahí nomás fue cuando la aguja del reloj natural decidió que no conocería el final de esa historia.
La ropa. El baño. Las tres cuadras. El 152. Algunas caras repetidas. Y, por supuesto, el boleto errado. Ya parecía que ese irrespetuoso se había instalado en mi rutina. Ni el cuarto lugar ni aquella cortina pudieron cobijarme. Tuve que repetir la secuencia del día anterior realizando el relevamiento de los pasajes que portaban mis compañeros de viaje. Nadie compartía mi suerte.
Decidí ampliar la muestra y en la parada siguiente hice un trasbordo para verificar que el problema no estuviera en la unidad de traslado. Ocho pasajeros más confirmaron la regla. Continuaba siendo yo el único distinto.
Insistí con el colectivo que venía detrás. Quince de febrero de dos mil trece fechaba mi papel. Desde hacía una semana el tiempo se había detenido en ese día.
Debo confesar que finalmente me encontré recorriendo un tramo de veinte cuadras arriba de un total de cinco medios de transporte diferentes. Nunca una distancia tan corta habría merecido semejante revuelo. La indignación terminó de despertarse. Había quintuplicado mi gasto de viático diario sin poder descifrar el misterio.
-¡Y encima, llegué tarde al trabajo!


No hay comentarios:

Publicar un comentario