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Día 5
Había ido dispuesto a contarle lo de mi separación
y terminé hablando del boleto. Era como si Ana ya supiera lo de la ruptura. Ni
siquiera pareció conmoverse.
Ese día había decidido resolver la cuestión del
boleto. No subí al colectivo como siempre sino que fui hasta la terminal para
hablar directamente con alguien que pudiera explicarme. Llevaba conmigo los ocho
pasajes errados. Todos quince de febrero del dos mil trece. Todos 1 5 2 1 3.
Lo elegí por no traer puesta una camisa celeste.
Pensé que el color blanco debía representar jerarquía. Nunca supe si había acertado respecto de su
puesto de trabajo, pero por lo menos revelé el enigma. Lo que yo consideraba fecha
no era más que el código del transporte, formado por el número de línea seguido
del de tramo de recorrido. Colectivo 152 tomado en el momento del trayecto
número 13. Una verdadera pavada. Resultó que nueve días de misterio se
evaporaban en una explicación de dos segundos y tres oraciones. Pude ver cómo
todo mi esfuerzo, mis tácticas de espionaje, mis hipótesis y demases se hacían
trizas mientras el buen hombre me “entresonreía” con gesto de piedad y me
palmeaba la espalda consolando mi manía. Salí de ahí murmurando “bien podría
haberse entendido 15 del 2 del 13” intentando así reivindicar un poco mi
cordura.
Ana preguntó entonces qué significaba “15 del 2
del 13”. Me irritó que se hiciera la sorprendida, sabía perfectamente que esa
combinación representaba la fecha estimativa de mi casamiento. Hizo un par de
reflexiones matemáticas y otras un poco más psicoanalíticas sobre la
vinculación de los hechos. Logró terminar de ofuscarme. Salí del consultorio
dando un portazo, enojado con ella, con Silvina, conmigo, con los colectivos,
el inconsciente y el más allá.
A las pocas cuadras, las palabras agolpadas en mi
cabeza empezaban a ordenarse. Un tanto más calmado pensé que era hora de ubicar
cada nombre en su lugar y tomar una decisión. Marqué la secuencia numérica y
del otro lado del teléfono apareció ella. Como si se tratara de una extraña no
pude más que balbucear y de manera entrecortada invitarla a salir.
-¡Desde hace más de una semana estoy esperando
este llamado!
Su respuesta alcanzó. Dispuse el cuerpo en
retroceso y avancé sobre mis pasos. Recorrí el camino de regreso sonriendo.
Tuve la certeza de que al día siguiente el cuarto
lugar me encontraría con el boleto correcto entre las manos.
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