Es un estado de ánimo, un lugar de encuentro conmigo misma, el límite difuso entre cielo abierto y dosis inflamable. Es el espacio que me rodea y el que ocupo en tanto materia. Es la ciudad que construyo día a día y en la que me dispongo cómoda. Son las puertas que me ven entrar y las ventanas por las que me asomo. Es el camino que hace tiempo empecé a andar y que por suerte va cobrando sentido. Es un ayer cargado de ganas, el mismo que ahora me sirve de abrigo. Es un hoy, pedacito de mí, que se permite volar hasta tus manos y quedarse allí el tiempo que elijas dedicarme.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Cadena de significantes

Estoy tratando de encontrar el equivalente argento de la cadena de ¿significantes? “ya (léase ia), vale, venga, nada”…
¡Qué manera de gastar saliva pronunciando una cantidad de palabras que simplemente son de relleno!
Acompañan en quien las produce la intención de saludar, aseverar, agradar, apaciguar, amortizar los contenidos… La multiplicidad de usos y situaciones en las que la seguidilla de eslabones encaja, no deja de sorprender.  
El español vive así, circulando por las muletillas del lenguaje, vagando por la expresión corporal, el tono, el volumen de voz y el pronunciamiento de estos bocadillos, sin cesar.
El extranjero, por el contrario, se siente provocado e inevitablemente convocado a sentir una gran expectativa frente al supuesto significado a sobrevenir. Queda así, vagando en las ganas de escuchar algo más y de entender por qué ha sido necesario tanto rejunte de letras en vano.
Si se inaugurara la versión de “la gente anda diciendo” española el premio a la mejor frase lo adquiriría: “sí, ven, anda, pues”. Y en los datos de contexto aparecería: mujer de 50 años en el colectivo, madre a su niño en la Calle de Irlandeses, joven en un bar, hombre mayor por teléfono y las infinitas combinaciones de las variables de género, edad, tiempo y espacio habidas y por haber.
Realmente la cultura y sus variantes sorprenden y asustan.
Por suerte me toca estar viviendo una de esas oportunidades que se dan de vez en cuando  y que permiten dejarse avasallar por la sorpresa y el miedo.
¡Venga, qué va! Bienvenida esta putada, una real ostia. ¡Vale, a permitírsela!

Amén. 

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