A partir de un juego grupal se me asignó una pregunta con su respectiva respuesta, a partir de la cual debería producir el texto que las contenga: ¿cuándo va a salir el genio de la lámpara? cuando los nardos estén violetas.
PRODUCCION
Invierno interminable atestado de virus. Con las defensas bajas imposible pensar en primaveras. Varios meses cargada de dudas y llevando a cuestas un sistema inmune escasamente florecido. Vacío. Todo vacío.
¿Cuándo va a escurrirse este fresco? ¿Cuándo voy a
tener el poder de pedir un deseo entre mis manos? ¿Cuándo será que las
respuestas se agolpen en mis ventanas como pájaros nuevos? ¿Cuándo va a salir
el genio de la lámpara?
Pago el café y salgo a la calle. Sigo sola. Camino
unos pasos y desenredo el papel que logré llevarme. “Cuando los nardos estén
violetas”, leo.
Leo y pienso. Tal vez debería dejar la manía de
considerar sentencias a aquellas frases desplegadas en los sobrecitos de
azúcar.
O tal vez sólo reste sentarme a esperar. Quizás algún
día ocurra el milagro. Quizás algún día, entonces, se disipe la pena y las
confiterías se conviertan en tertulias literarias con validez científica
autentificadora.
"Pago el café y salgo a la calle. Sigo sola. Camino unos pasos y desenredo el papel que logré llevarme. " Qué bueno, una secuencia tan simple expresada de la manera justa.
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